top of page

Recuperando entradas pecadoras: Las nada envidiables fan-tradus

En el blog PECADOS CAPITALES, escribí algunas entradas sobre la parte mala del mundo de las traducciones, y me parece acertado recuperarlas para este espacio personal en mi web.

En este caso, iba contra las traducciones de fans y el daño que hacen ya no solo a la narrativa de los libros, sino que acaban en muchos casos con que ese libro pueda ver la luz en nuestro idioma.

¡Hola, pecadores!


¿Os habéis fijado en que algunos días las Pecado estamos particularmente guerreras? Pues sí, así es. Y es que no me diréis que no nos faltan los motivos: que si nos intentan colar como romántica libros que no lo son, que si nos dicen que nuestro género favorito carece de calidad, que si algunos publican barbaridades… Por no hablar de otros muchos temas no relacionados con la novela romántica y sí con la soberbia, la envidia, la avaricia, la gula, la ira, la lujuria o la pereza.

Pues agarraos bien… ¡Yo también me he levantado hoy en pie de guerra!, y es que lo que vi la semana pasada clama al cielo.

Ya he comentado en más de una ocasión que soy traductora de novela romántica, es algo que me encanta. No tengo el don de contar historias, pero esta es otra manera de transmitir las que otros escriben; y resulta muy satisfactoria, os lo aseguro.

La cosa es que ya sabéis que en estos mundos digitales hay mucho pícaro, y no precisamente de los que despiertan mis simpatías. Os preguntaréis por qué lo digo. Pues por lo que he visto que se está poniendo de moda últimamente.

Parece que el azote de la piratería no es algo que afecte solo a las autoras patrias o a las novelas traducidas por las editoriales al castellano, pues no. Ya os he hablado en otras ocasiones de las fantradu, o traducciones hechas por fans de algún libro muy deseado que se acaba de publicar en otro idioma, casi siempre en inglés.

Y es que son muchas —muchas más de las que os imagináis— las novelas que tras triunfar en otros países son traducidos por fans. Y, francamente, en eso no me meto; allá cada cual con lo que haga y lo que quiera leer. Pero en lo que sí que voy a detenerme es en lo que hacen después, cuando algunas de esas novelas son traducidas oficialmente por una editorial, una que contrata (y paga) a un traductor y obtiene legalmente los derechos pertinentes para publicarlas en nuestro idioma.

Es justo lo que os estáis imaginando: copian la portada, cambian el título al archivo y, voilá, parece que SU traducción es la traducción oficial.

Estaréis pensando que menuda tontería os vengo a contar, ¿verdad?

Pues no lo es. No lo es porque la gente que tenga a bien bajar ese archivo, que lo lea y se crea con derecho a comentar, se va a encontrar, sin saberlo, con una traducción que no es la oficial. Y os aseguro que se creen ya no que es un derecho, si no una obligación criticar lo que han leído.


Y ¿en qué me afecta a mí? Pues a mí me afecta mucho porque la gente se piensa que como aparece mi nombre como traductora, ¡soy yo la que ha hecho esa traducción! Y luego me desayuno con cosas como esta:


Comentario aparecido en Amazon en la ficha de El amo del placer, de Cherise Sinclair


A ver, no quiero pecar de supertraductora que te mueres, pero puedo asegurar que ninguna de mis traducciones puede confundirse con una traducción de Google.


Y sobre todo viendo estos ejemplos (pongo el primer párrafo de cada versión):



VERSIÓN FANTRADU:


VERSIÓN EDITORIAL:


Y es que esto se viene repitiendo en muchos más libros:

¿Qué me decís de este horror con LA ESPOSA PERFECTA PARA EL DUQUE de Jennifer Ashley?


VERSIÓN FANTRADU:

VERSIÓN EDITORIAL:



Mirad por ejemplo lo que ocurre con el recientemente publicado UN CANALLA SIEMPRE ES UN CANALLA de Sarah MacLean:



VERSIÓN FANTRADU:

VERSIÓN EDITORIAL:


Podría poneros muchos ejemplos más, pero creo que viendo estos tres es evidente que la persona que se permite criticar tan alegremente la primera traducción que transcribo (EL AMO DEL PLACER de Cherise Sinclair) ha leído la versión fantradu que circula por la red, a la que han añadido la portada y el título de la editorial, ¿verdad?


Y es por tanto normal —normalísimo— que esté que me subo por las paredes ante el hecho de que mi trabajo —y mi prestigio— se vea arrastrado por el fango como si tal cosa.


En fin, yo no le veo mucha solución al asunto, salvo el derecho al pataleo, por supuesto, que ejerzo en este momento.


Esperemos que la semana que viene mi entrada sea más amable.


¡Hasta la próxima, pecadores!

Featured Posts
Recent Posts
Archive
Search By Tags
No tags yet.
Follow Us
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • Google+ Basic Square
bottom of page